SERIE CRISIS

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INTRODUCCIÓN

¿Qué piensas acerca de la doctrina? ¿Que solo causa luchas y divisiones entre los cristianos? ¿Que nos distrae del verdadero trabajo de la evangelización? ¿Que es importante para los pastores pero para nadie más?
Puede que tengas una actitud más positiva hacia la doctrina. Puede que te encante aprender acerca de Dios, pero a veces parece que tu cabeza crece mucho más rápido que tu corazón.
Independientemente de cuál sea tu postura en cuanto a la doctrina, la meta de este libro es convencerte de que la sana doctrina es esencial para vivir vidas piadosas y para edificar iglesias sanas. ¿Por qué? Porque la sana doctrina sirve para la vida; la vida de la iglesia. Encontrarás dos ideas principales en todo este libro. La primera es que la sana doctrina sirve para la vida. Esto significa que es práctica. No es un conjunto de hechos abstractos, sino un mapa de carreteras que nos muestra quiénes somos, dónde estamos y a dónde vamos. Por tanto, la sana doctrina es esencial para vivir vidas y edificar iglesias que dan gloria a Dios.
La segunda idea principal de este libro es que la sana doctrina sirve para la vida de la iglesia. Esto significa que la sana doctrina produce vidas que son moldeadas como una iglesia local sana. Los frutos que fomenta la sana doctrina no son solamente individuales, también son colectivos. Por tanto, la sana doctrina es esencial para cada aspecto de la vida colectiva de nuestras iglesias.

Esto quiere decir que a medida que estudiamos doctrina sana como cristianos individuales debemos aplicar de forma constante en nuestras iglesias locales lo que hemos aprendido. También quiere decir que los pastores deberían alimentar a sus rebaños con doctrina sana y que deberían ajustar cada aspecto de sus iglesias en torno a la sana doctrina. La doctrina no solo sirve para una confesión de fe que queda escondida en el último lugar de la página web de una iglesia; sirve para los sermones, los pequeños grupos de estudio, las conversaciones personales, las oraciones, las canciones y mucho más. La sana doctrina debería correr por las venas de nuestras iglesias y nutrir cada aspecto de nuestra vida en común.
Este libro está basado en un estudio bíblico que escribí llamado “Toda la verdad acerca de Dios: La teología bíblica”. El contenido ha crecido y evolucionado pero puedes adquirir este estudio si quieres desarrollar algo de ese material en el contexto de una escuela dominical o en un grupo pequeño.
Empezaremos el capítulo 1 demostrando que la sana doctrina sirve para la vida; la vida de la iglesia. El capítulo 2 se centra en cómo la sana doctrina influencia cómo leemos la Biblia y cómo la predicamos; tanto como individuos como en la iglesia. El resto del libro examina cinco frutos en la vida de la iglesia que la sana doctrina nutre y fomenta: la santidad, el amor, la unidad, la adoración y la evangelización.
¿Estás preparado? ¡Bien! Yo también.

1 LA SANA DOCTRINA SIRVE PARA LA VIDA: LA VIDA DE LA IGLESIA

Siempre he sentido debilidad por los mapas. Cuando era niño y mi familia salía de viaje por carretera, me gustaba seguir nuestro recorrido desde el asiento de atrás, escudriñando con entusiasmo el gigantesco Rand McNally Road Atlas (Mapa de Carreteras Rand McNally) que solía extender sobre mi regazo. Llámame raro si quieres, pero con toda seguridad era mejor que estar preguntando cada cinco minutos: “¿Hemos llegado ya?”.
Por supuesto, los mapas con líneas de colores no son los únicos que son útiles. Todos nosotros creamos mapas mentales que nos ayudan a hacer las cosas que tenemos que hacer (como comprar alimentos, ir al centro comercial y devolver los libros a la biblioteca, todo antes de la hora de la siesta del pequeñito de la casa), o hacer las cosas que nos gusta hacer.
Me apasiona el surf (aunque ahora viva a una distancia inmensa de la costa, ¡en Kentucky!). Este deporte se centra en encontrar buenas olas, lo cual puede ser complicado. Las olas son el resultado de una delicada interacción entre la dirección, el tamaño y el periodo (la distancia entre dos olas) del oleaje, la marea, el viento, los cambiantes bancos de arena, etc. Así que el surfista devoto perfecciona constantemente un mapa mental de dónde encontrará las mejores olas y las menos abarrotadas. En la región del norte de California donde crecí practicando el surf, la lectura de un mapa mental es algo así: “El oleaje de tres metros del noroeste que ha eliminado las olas septentrionales que iban a romper en la costa será perfecto para la sección interior de un cierto lugar del pueblo una vez que baje la marea. Y una marea baja negativa vaciará la vida en los puntos de la parte este, pero despertará ese afortunado arrecife pequeño a la vuelta de la esquina”. La paga —está claro— es surf del bueno. Aunque la caza también es parte de la diversión.
Los mapas cumplen con un propósito muy práctico: te ayudan a llegar a donde quieres ir. De hecho, si tienes un buen mapa y sentido de la ubicación será muy difícil que te pierdas alguna vez. Tal y como le recuerdo algunas veces a mi mujer cuando aparece alguna pequeña incertidumbre concerniente a qué ruta escoger, puede que no sepa qué es lo siguiente que tengo que hacer, pero no estoy perdido; sé exactamente donde estoy. (Los hombres de la familia Jamieson somos famosos —por lo menos entre nosotros mismos— por nuestro sentido de la ubicación).
Este es uno de los motivos por los que me niego obstinadamente a utilizar un GPS. Es una herramienta útil en ocasiones, pero no sustituye a un mapa o al sentido de la orientación. Un mapa te ofrece una vista completa. Te permite ver mucho más allá de la próxima salida de la autopista. El mero hecho de usar un mapa te ayuda a situarte. Pero cuando confías en un GPS estás completamente a merced de una voz incorpórea llamada Estela que te dice —en su mecánico acento español— que debido a ese último desvío que te has saltado, va a pasar los próximos minutos volviendo a calcular tu posición mientras tú sigues conduciendo sin referencia alguna por la autopista. Un mapa, por el contrario, no solo te dice a dónde ir, sino dónde estás.

LA SANA DOCTRINA ES EL MAPA DE CARRETERAS DE DIOS PARA LA VIDA CRISTIANA

En esencia, lo que estoy diciendo es esto: Dios nos ha dado un mapa de carreteras para vivir la vida cristiana y ese mapa es la sana doctrina.
En resumidas cuentas, la Biblia misma es nuestro mapa (y la lámpara a nuestros pies y la lumbrera a nuestro camino, Sal 119:105). Lo que ocurre es que la sana doctrina resume el mensaje de la Biblia en términos sencillos. Sintetiza todo lo que la Biblia tiene que decir acerca de un asunto en concreto, sea que ese asunto provenga de la Biblia o de la vida en el mundo. Es lo mismo que los profesores de lengua dicen algunas veces cuando quieren enseñarnos palabras nuevas: “No sabes lo que significa una palabra hasta que la puedas definir con tu propio vocabulario”. No puedes simplemente definir una palabra con la misma palabra. Con la doctrina pasa lo mismo, se trata de poner en nuestras propias palabras la enseñanza de la Biblia acerca de un tema concreto. La doctrina es sana siempre que nuestras propias palabras resuman correctamente —o fielmente— el contenido de la Biblia (como conseguir un sobresaliente en un examen de lengua). En una clase de lengua solo obtienes un sobresaliente cuando tus palabras expresan correctamente —o sanamente— el significado del vocabulario.
Entonces, ¿cómo deberíamos definir la sana doctrina exactamente? Aquí tienes una definición preliminar: La sana doctrina es un resumen de la enseñanza bíblica que es tanto fiel a la Biblia como útil para la vida. La doctrina no debería consistir en imponer nuestras ideas a la Biblia. Más bien, debería ser un resumen de lo que la Biblia dice acerca de un tema, ni más ni menos. Debe presentar la enseñanza de la Escritura como una unidad coherente —a la vez que compleja—, motivo por el cual he dicho que es un mapa. Debe relacionar el todo con las partes y las partes con el todo. Entonces, tal y como ocurre con cualquier buen mapa, la sana doctrina cumple con un propósito muy útil y práctico: la sana doctrina sirve para la vida. Las instrucciones sirven para la acción. Escuchamos la enseñanza de la Palabra de Dios con el propósito de aplicarla a nuestras vidas. La sana doctrina no es información que archivamos y que solo sirve para presentar hechos. Al contrario, es un mapa de carreteras para nuestro peregrinaje de este mundo al venidero.
Los médicos tienen que tomar decisiones complicadas en plazos muy cortos y con mucho en juego. Lo que permite a un buen médico tomar decisiones sabias es un extenso conocimiento del cuerpo humano. No puedes saber que un riñón está fallando si no sabes qué es un riñón y cómo debería funcionar. Por eso los médicos pasan varios años estudiando anatomía humana y fisiología, para poder hacer diagnósticos precisos y prescribir los remedios adecuados (a veces salvando vidas).

En cierto modo, la vida cristiana no es tan diferente. Tenemos que tomar decisiones complicadas al instante, a veces, con mucho en juego. Al igual que en la práctica de la medicina, no hay una fórmula fácil para algunas de esas decisiones. Por tanto, necesitamos sabiduría. Las bases para esa sabiduría —como las bases del buen juicio de un médico— descansan en una sólida roca de conocimiento (el conocimiento de las cosas que Dios ha revelado en su Palabra). En la Escritura, Dios nos dice quién es él, quiénes somos nosotros, de dónde venimos, qué es lo que está mal en este mundo, cómo Dios puede arreglarlo y mucho más. Estas son las cosas que necesitamos conocer mejor si vamos a vivir vidas que agraden a Dios.
La Escritura no es exhaustiva (hay muchas cosas verdaderas que la Biblia no menciona). Pero es suficiente. En su Palabra, Dios nos dice todo lo que necesitamos saber para ser salvos y para vivir una vida que le agrade (2P 1:3). La Escritura no nos dice cómo hacer una operación de corazón, pero sí pone al descubierto los deseos y los engaños de todos los corazones humanos (Heb 4:12–13). La Escritura no nos dice cómo ir de Londres a Tokio, pero sí nos dice cómo andar sabiamente en el camino del Señor y cómo evitar los lazos del diablo (Col 4:5; 2Ti 2:26).
La Escritura misma nos enseña que la sana doctrina sirve para la vida. En Tito 2:1, Pablo instruye a su colaborador: “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina”. Después, en los siguientes nueve versículos, describe cómo diferentes grupos de personas en la iglesia deben vivir y relacionarse los unos con los otros:

• Los ancianos deben ser sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe (v. 2).
• Las ancianas deben ser reverentes en su porte, no calumniadoras o esclavas del vino, y deben enseñar a las mujeres jóvenes a ser esposas y madres fieles (v. 3–5).
• Los jóvenes deben ser prudentes (v. 6).
• Los siervos o los trabajadores deben sujetarse a sus amos y mostrarse fieles “para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador” (v. 9–10).

Fíjate que en el versículo 1 Pablo no manda a Timoteo enseñar la sana doctrina, a pesar de que el apóstol insiste en ello en otras partes de la carta (Tit 1:11; 2:7–8). En su lugar, Pablo manda a Tito enseñar “lo que está de acuerdo con” la sana doctrina (lo que encaja con ella y lo que procede de ella). Tito debe enseñar a la iglesia en Creta a andar en el camino que la sana doctrina señala. Sus vidas deben conformarse al esquema que la sana doctrina proporciona.
De manera similar, en 1 Timoteo 1:3–5 Pablo escribe lo siguiente:

Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora. Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida.

El apóstol dejó a Timoteo en Éfeso para que refutara a aquellos que estaban predicando falsa doctrina (v. 3). Estas falsas enseñanzas estaban fomentando especulaciones en vez de la mayordomía —una vida correctamente ordenada— de Dios que es por fe (v. 4). ¿Con qué propósito dio Pablo esta misión a Timoteo? Para que los cristianos en Éfeso pudieran personificar el amor que emana de un corazón limpio, de una buena conciencia y de una fe no fingida (v. 5). La sana doctrina te lleva a una fe sana, a un corazón sano y a una conciencia sana.
Y estas se convierten en una fuente de la cual fluye toda una vida que agrada a Dios. La meta de la sana doctrina es una vida piadosa. Tal y como dijo un cristiano hace más de cuatrocientos años: “La teología es la ciencia de vivir bendecidamente para siempre”.
La sana doctrina es el mapa de carreteras de Dios para vivir fielmente en el mundo. La sana doctrina no solo te dice dónde estás, sino quién eres, quién es Dios y cómo Dios nos ha salvado del pecado y nos ha capacitado para vivir vidas que le agradan. La sana doctrina es el equipamiento esencial para navegar por las retorcidas calles de la ciudad de nuestras vidas. Así que, no salgas de casa sin ella.

LA SANA DOCTRINA SIRVE PARA LA VIDA: LA VIDA EN LA IGLESIA

Cuando era niño jugué durante varios años al baloncesto, al béisbol y al fútbol. Disfruté de todos ellos bastante a fondo aunque era un jugador bastante mediocre. Mi deporte favorito —si se puede llamar así— no debería sorprenderte: es el surf.
Es muy divertido compartir el surf con otros —especialmente con amigos y familiares —, pero el acto en sí mismo es básicamente individual. Una persona se sienta en la tabla, se dirige hasta una ola, se pone de pie, cabalga hacia la orilla y después repite esta secuencia tanto tiempo como su brazo pueda aguantar. Observar cómo otros atrapan buenas olas o —lo que más gusta a los surfistas— que otros te observen, enriquece la experiencia sin duda. Pero eso difícilmente lo convierte en un deporte de equipo.
Por otro lado, deportes como el baloncesto y el fútbol son intrínsicamente colectivos. Podemos colmar de dinero y elogios a nuestro escolta favorito o a la estrella goleadora, pero el juego se juega como equipo. Se gana o se pierde como equipo. No existe tal cosa como un equipo de un solo hombre.
He sacado esto a colación porque creo que muchos cristianos estadounidenses tratan su cristianismo más bien como surf en vez de como fútbol. Pensamos en nuestro caminar con el Señor como algo básicamente individual: Yo oro. Yo leo la Biblia. Yo asisto a una reunión de adoración para tener un encuentro con Dios y crecer en el conocimiento de la Escritura. Yo amo a mi prójimo. Yo comparto el evangelio con otros. Está claro que asistir a la iglesia y tener amigos cristianos nos beneficia. Pero lo que estructura nuestras prioridades, lo que define el perfil de nuestro discipulado, lo que usamos como sistema para tomar decisiones es —muy a menudo— simplemente Jesús y yo. Pero la Escritura enseña que el cristianismo se parece mucho más a un deporte de equipo. Es verdad que cada uno de nosotros debe arrepentirse del pecado y confiar en Cristo para ser salvo (Ro 10:9–10). Cada uno de nosotros dará cuentas a Dios de sí mismo (Ro 14:10). Cada uno de nosotros es responsable por lo que hace (Gá 6:5). Aun así —y a diferencia del surf— la naturaleza misma de la vida cristiana es colectiva.

• Convertirse en cristiano significa ser añadido a la iglesia (Hch 2:41).
• Ser bautizado significa ser bautizado en el cuerpo de Cristo (1Co 12:13).
• Venir a la fe en Cristo significa ser traído cerca, no solo de Dios, sino del pueblo de Dios (Ef 2:17–22).
• Clamar a Dios como Padre y obedecerle significa tener a los cristianos como tus hermanos y hermanas (Mt 12:46–50).

El crecimiento como cristiano es constantemente definido en términos colectivos. ¿Cuántos de los frutos del Espíritu (Gá 5:22–23) puedes practicar tú solo en una isla desierta?
Piensa en cómo Pablo describe el crecimiento cristiano en Efesios 4:11–16. Cristo mismo constituye líderes en Su Iglesia “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio” (vv. 11–12), “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto” (v. 13). Seguimos “la verdad en amor” (v. 15) para poder crecer juntos en Cristo “de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (v. 16).
¿Te das cuenta cuán íntimamente entrelaza Pablo el crecimiento cristiano individual y el crecimiento de la iglesia? La manera principal en la que maduramos como cristianos es a través de la vida de la iglesia. Los miembros ayudan al cuerpoa crecer, lo que significa que unos ayudan a crecer a otros. Somos edificados a medida que edificamos a otros. El crecimiento cristiano es un esfuerzo de equipo. Pero los cristianos somos muchísimo más que un equipo; somos miembros del mismo cuerpo. Otro pasaje que manifiesta la vida de la iglesia como cuerpo es 1 Corintios 12.

• Como miembros del mismo cuerpo, no podemos separarnos a nosotros mismos de él, como si el cuerpo no nos necesitara: “Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?” (v. 15).
• Como miembros del mismo cuerpo, no podemos vivir de forma autónoma, independientes de los otros miembros: “Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito” (v. 21).
• Como miembros del mismo cuerpo, debemos cuidar de los otros miembros: “Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros” (vv. 24–25).
• Como miembros del mismo cuerpo, nuestras vidas están íntimamente entrelazadas. Nos gozamos con los que se gozan y lloramos con los que lloran: “De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan” (v. 26).

A pesar de que la metáfora del cuerpo también se aplica a la Iglesia universal, lo que Pablo tiene en mente aquí es la participación de los cristianos en una asamblea local en particular. Ahí es donde sufrimos o nos regocijamos juntos, donde nos honramos los unos a los otros y donde nos relacionamos con miembros que son completamente diferentes a nosotros. Ahí es donde mostramos la sabiduría divina, componiendo el cuerpo no de un miembro, sino de muchos (1Co 12:14).
Como miembro del cuerpo de Cristo, tu vida en una iglesia local debería estructurar tus prioridades, debería definir tu discipulado y debería servir como uno de los sistemas principales a través del cual tomarás la mayoría de las decisiones. La manera en la que vives diariamente tu vida cristiana debería ser definida en su mayor parte por la vida de tu iglesia local.
Esto quiere decir que la vida piadosa que fluye de la sana doctrina no es meramente un asunto individual. Al contrario, la sana doctrina sirve para la vida en la iglesia.
Podemos observar esto claramente en Romanos 12, donde Pablo nos ruega “por las misericordias de Dios” que vivamos vidas nuevas a la luz del evangelio. Después de utilizar once capítulos para exponer el evangelio y las doctrinas que lo acompañan (“las misericordias de Dios”), el apóstol nos muestra que el evangelio que él predica tiene implicaciones casi infinitas para la vida diaria.
¿Cuáles son algunas de estas implicaciones? En primer lugar, el evangelio y sus doctrinas nos llevan a entregar completamente nuestras vidas a Dios y a ser transformados por la continua renovación de nuestro entendimiento (Ro 12:1–2). El evangelio nos llama a adaptarnos a la mente de Dios, a Su voluntad y a Sus caminos (no a los del mundo). Pero justo después, Pablo nos dice que no tengamos más alto concepto de nosotros mismos que el que debemos tener (v. 3), sino más bien que usemos nuestros dones para fortalecer el cuerpo (vv. 4–8). El evangelio nos enseña a poner a los demás antes que a nosotros mismos y a utilizar las capacidades que Dios nos ha dado para edificar a los hermanos de nuestra iglesia (tales cosas son imposibles de llevar a cabo en una feliz soledad). A continuación, en los versículos del 9 al 13, Pablo añade más detalles de cómo debemos amarnos los unos a los otros, honrarnos los unos a los otros y proveer para las necesidades de cada uno. Cuando el apóstol especifica lo que significa vivir a la luz de las misericordias de Dios, regresa inmediatamente a la vida en el cuerpo de Cristo.
¿Cómo puedes vivir a la luz de las misericordias de Dios? Amando y edificando el cuerpo de Cristo. La vida que la sana doctrina pone ante ti está moldeada de la misma forma que tu iglesia local.
La sana doctrina sirve para la vida; la vida en la iglesia.

LA SANA DOCTRINA SIRVE PARA LA VIDA: LA VIDA DE LA IGLESIA

Si la sana doctrina sirve para la vida en la iglesia, también sirve para la vida de la iglesia.
Piensa acerca de la vida de una familia. ¿Qué clase de cosas buscarías para poder describirla? Esto es lo que no harías: no anotarías simplemente lo que hace cada miembro de la familia individualmente durante el día para luego convertir tus observaciones en una opinión completa. Lo que harías sería buscar lo que la familia hace cuando sus miembros están juntos.
¿Comen juntos? ¿De qué hablan? ¿Quién lidera la conversación? ¿Cuándo pasan tiempo juntos? ¿Qué hacen? ¿Cuáles son las normas, las tradiciones, las costumbres y demás cosas que determinan cómo viven juntos?
La vida de una iglesia es similar: lo que una iglesia hace cuando sus miembros están juntos define la vida de una iglesia. La manera en la que una iglesia enseña, adora, ora y todo lo demás, impacta profundamente a cada miembro de la congregación (de la misma forma que las costumbres de una familia marcan permanentemente a cada miembro de la familia).
La vida de la iglesia se manifiesta en toda su plenitud en sus reuniones de adoración colectiva. Pero también es útil considerar otros momentos en los que los miembros de la congregación se reúnen. Aparte de la reunión principal de la semana, los miembros de la iglesia se juntan para hacer estudios bíblicos, evangelizar, hablar de asuntos personales y compartir comidas en sus casas.
Uno de los argumentos principales que voy a presentar en este libro es el siguiente: de la misma manera que la sana doctrina es crucial para la vida —y específicamente para la vida en la iglesia—, también es esencial para la vida de la iglesia. Al igual que un buen mapa, la sana doctrina es eminentemente útil, por tanto, las iglesias deberían usarla.
Desde el capítulo 3 al 6, veremos cómo la sana doctrina debería fluir a través de toda la vida de la iglesia y nutrir la santidad, el amor, la unidad, la adoración y la evangelización. Aunque antes de hacerlo, consideraremos la fuente misma: ¿cómo impacta la sana doctrina en la lectura y en la enseñanza de la Biblia?

2 LA SANA DOCTRINA SIRVE PARA LEER Y PARA ENSEÑAR LA BIBLIA

“¡No te puedes perder el concierto de esta noche! ¡Tocará el mejor saxofonista del mundo!”. Estas fueron las palabras de mi profesor de saxofón acerca de un concierto de Michael Brecker que iba a tener lugar en la Universidad de California State en Hayward (San Francisco).
Estaba en el último curso de educación primaria y justo había empezado a tocar el saxofón el año anterior. Escuchando algunos de los viejos casetes y CD de mi padre de grandes músicos como John Coltrane, Thelonious Monk y Dexter Gordon, empecé a desarrollar rápidamente una gran pasión por la música jazz, pero nunca había asistido a un concierto en vivo. Aquella iba a ser mi primera vez.
Normalmente, ser uno de los más grandes es un título discutible, pero sin duda alguna Brecker fue el primer saxofonista virtuoso del jazz de su generación (en 2007, y solo con cincuenta y siete años, Brecker murió de leucemia). Aquella noche, Michael Brecker dio un recital, alternando entre el liderazgo de una gran banda, la dirección de un pequeño conjunto y sus actuaciones como solista. Su espectáculo me transportó a otro mundo.
Mientras Brecker tocaba, su saxofón clásico Selmer Mark VI no sonaba como un trozo inanimado de metal, sino más bien como la varita de un mago capaz de conjurar cualquier sonido que deseara. Era capaz de convocar un torrente de notas de la nada y colocarlas perfectamente en su lugar con tal rapidez que superaba la capacidad de seguimiento de todos los oyentes. Escucharle improvisar fue como observar un cuadro de Rembrandt materializándose ante mí: todos esos perfectos matices claroscuros, todas esas delicadas e invisibles pinceladas improvisadas mientras pintaba, sin que hubiera una nota fuera de lugar. Pero su actuación no consistió en meros fuegos de artificio; fue algo vibrante, con el propósito de que las emociones fluyeran a medida que su abanico musical se desplegaba entre risas y lágrimas, lamentos y canciones de cuna.
Parecía imposible hacer lo que Brecker hizo con un saxofón, y más teniendo en cuenta que improvisaba a medida que tocaba. La única palabra que lo podía definir era magia. En realidad, toda buena improvisación tiene una dosis de magia. Parece fácil pero es algo altamente complejo. Es un hecho espontáneo en esencia pero al mismo tiempo cada nota parece inevitable.
Una simple descripción técnica no puede capturar la magia de una actuación en vivo de Michael Brecker o de otro maestro del jazz, pero eso no significa que no exista una preparación técnica detrás de la cortina. Más bien al contrario, Brecker —como casi cualquier otro virtuoso del jazz— ensayaba infatigablemente. Disfrutaba de los descansos en los que no viajaba porque así podía ensayar un mínimo de ocho horas al día trabajando su técnica y su vocabulario. Para ser un gran improvisador de jazz tienes que alcanzar una especie de maestría natural en un amplio rango de terreno: el sonido de tu instrumento y sus exigencias técnicas, la compleja lógica de la armonía del jazz, cientos de melodías y progresiones de acordes, los diferentes estilos y sus derivados, los riff, los clichés, las inflexiones, las entonaciones y muchas cosas más —la lista continúa— que componen el vocabulario del jazz.
La magia es más que la maquinaria que hay detrás de la cortina, pero sin esta maquinaria la magia no existiría.

LA MAGIA DE UN CRISTIANO MADURO Y LA MAQUINARIA DETRÁS DE LA CORTINA

Hay algo aparentemente mágico en la vida de un cristiano maduro. Aunque esté lejos de ser perfecta, la vida de un cristiano maduro merece respeto y atención, aun cuando esto parezca desafiar una explicación técnica. Un cristiano maduro puede sobrellevar con gozo las aflicciones, puede apartar a una persona del pecado con unas cuantas palabras dichas en el momento apropiado, puede crear armonía donde abunda el conflicto.
Como sucede con un gran improvisador de jazz, hay una gran preparación detrás de la cortina. Entre otras cosas, un cristiano maduro se preocupa de dominar —o mejor dicho, de ser dominado por— la Biblia. Sabe cómo colocar las piezas. Sabe cómo resumirla y expresarla en sus propias palabras. Dicho de otro modo, conoce la sana doctrina. ¿Recuerdas cómo definimos la sana doctrina en el último capítulo? Es un resumen de la enseñanza de la Biblia que es tanto fiel a la Biblia como útil para la vida. Una persona piadosa sabrá cómo hacerlo. Aun cuando no se le ocurriría enseñar a una clase llena de estudiantes de teología sistemática, una persona piadosa sabe lo que Dios dice en la Biblia acerca de Sí mismo y acerca de nosotros.
Esto no debería sorprendernos ya que la Escritura misma enseña que es capaz de prepararnos para toda buena obra (2Ti 3:16) y enseña que la transformación espiritual viene a través de la renovación de nuestro entendimiento (Ro 12:1–2), lo cual ocurre a medida que nos sumergimos en ella.
Por tanto, todo cristiano tiene un interés personal en aprender a leer y a enseñar la Biblia sabiamente. Conseguimos esto a través del estudio personal, pero también —y tal vez de forma más precisa— mediante la proclamación y la enseñanza pública de la iglesia. Este capítulo trata de cómo la sana doctrina nos ayuda a leer y a enseñar la Biblia con sabiduría, tanto de forma personal como en la vida colectiva de la iglesia.

LA SANA DOCTRINA: LOS BOLOS Y LAS BARRAS PROTECTORAS DE LA LECTURA BÍBLICA

El objetivo final de leer y de enseñar la Escritura es amar más a Dios y a nuestro prójimo. Y la manera de amar más a Dios es conociéndole más. Es cierto que alguien puede aprender hechos teológicos de Dios sin llegar a amarlo. Pero, al mismo tiempo, no puedes amar a Dios sin conocerlo. Y para conocer a Dios, tienes que saber cosas acerca de Él. Si amas a tu esposa, querrás saber cómo es ella, lo que le gusta y lo que odia, su pasado, sus planes para el futuro y mucho más. Así, los que profesamos amar a Dios deberíamos aprender todo lo que podamos acerca de Él.
Este es el motivo por el cual la sana doctrina es una meta importante en la lectura bíblica. La sana doctrina resume y sintetiza la enseñanza bíblica en un todo coherente. Nos dice cómo es Dios, lo que ama y lo que odia, qué ha hecho en el pasado y cuáles son Sus planes para el futuro. Dejar que tu conocimiento de Dios sea determinado por uno o dos pasajes aislados sería igual que dejar que una o dos conversaciones aisladas determinaran tu conocimiento de tu esposa.
La sana doctrina también es una barra protectora importante para la lectura de la Biblia. Nos protege de deducir incorrectamente cosas inciertas de Dios. Para poder interpretar la Escritura correctamente, necesitamos poner sobre la mesa lo que ya sabemos acerca de Dios según la Escritura, esto es, la sana doctrina.
Tomando prestada una ilustración de los bolos, la sana doctrina es al mismo tiempo los bolos a los que apunta nuestra lectura bíblica y las barras que nos protegen de caer en las canaletas del error. La sana doctrina nos ayuda a orientar nuestra lectura de la Biblia en la dirección correcta y nos ayuda a seguir rodando en esa dirección. La sana doctrina sirve para leer y para enseñar la Biblia.

¿QUÉ ES LA BIBLIA? UNA HISTORIA QUE PREDICA UN MENSAJE

Para poder desglosar en más detalle cómo la sana doctrina influye en la lectura y la enseñanza de la Biblia, vamos a considerar en primer lugar qué es la Biblia.
¿Es la Biblia un libro mágico que abres al azar para obtener una guía espiritual instantánea? (¿Alguien que quiera jugar a la ruleta bíblica?). ¿Es la Biblia un archivo de tarjetas de Hallmark que te ofrece un pensamiento inspirador para cada momento de la vida? ¿Es una colección de recetas para superarnos moralmente? ¿Una antología de mitos inspiradores?
1. La Biblia es revelación. Dios mismo se revela a nosotros en Su Palabra. Todas y cada una de las palabras de la Escritura están inspiradas por Él (2Ti 3:16). Los autores de la Escritura provenían de diferentes culturas y tenían diferentes personalidades, escribieron en géneros diferentes en tiempos diferentes, pero todos ellos fueron inspirados por el Espíritu Santo para hablar “de parte de Dios” (2P 1:21, LBLA). Todos ellos escribieron las auténticas palabras de Dios.
2. La Biblia es una historia que predica un mensaje. Desde el principio hasta el final, la Biblia nos narra una única historia de salvación. Desde la creación, pasando por nuestra caída en el pecado, y hasta la obra salvadora de Jesús en la cruz y la restauración final del gobierno de Dios sobre toda la creación, la Biblia nos relata una misma narrativa épica que abarca de Génesis a Apocalipsis. Nos cuenta la historia de cómo Dios lleva a cabo la salvación de Su pueblo a través de Su Hijo Jesús.
Sin embargo, no se trata simplemente de una historia, es una historia que ocurrió realmente. Y es la historia en la cual vivimos. Nosotros los cristianos, podemos y debemos posicionar nuestras vidas en la cronología de la historia bíblica: vivimos en el tiempo posterior a la muerte, la resurrección y la ascensión de Jesús al cielo, y después del derramamiento del Espíritu Santo, pero antes del regreso final de Jesús. La historia de la Biblia nos explica de dónde venimos, dónde estamos, quiénes somos y a dónde vamos. Observa cómo la sana doctrina surge de esta historia y es una parte integral de ella.

• Por la creación aprendemos que Dios es poderoso, santo, sabio y bueno (Sal 104).
• Por la caída aprendemos que Dios es perfectamente justo y que Su ira arde contra el pecado, pero al mismo tiempo es misericordioso y paciente con los pecadores (que somos todos nosotros) (Gn 3).
• En la vida de Jesús vemos manifestado perfectamente el carácter santo y misericordioso de Dios (Jn 1:18; 14:9).
• En la muerte de Jesús vemos la justicia y el amor de Dios trabajando juntos para lograr la salvación (Ro 3:21–26; 5:6–11).
• En la resurrección de Jesús vemos la victoria sobre la muerte que Dios promete a todo Su pueblo (2Co 4:14).
• En la promesa de Jesús de volver y restaurar el gobierno de Dios sobre toda la creación vemos la fidelidad de Dios, Su espléndida generosidad hacia Su pueblo, y mucho más (Ap 22:12).

En resumen, la Biblia es una historia que predica un mensaje. Tomando prestada la frase de Michael Horton: “Es un drama que da lugar a un dogma”. Es una narrativa repleta de enseñanza. La sana doctrina proviene de la grandiosa historia bíblica de la salvación.
3. La Biblia es un instrumento en la mano de Dios para llevar a cabo Su obra redentora. Cuando leemos la Escritura somos confrontados por la voz del Dios vivo (Heb 4:12–13). La Palabra de Dios es invencible y poderosa; nunca fracasa en conseguir Sus propósitos (Is 55:10–11). Estos propósitos incluyen salvar a pecadores y santificar a aquellos que están en Cristo (1P 1:23–25; Jn 17:17; 1Ts 2:13). Por tanto, cuando acudimos a la Escritura deberíamos esperar ser cambiados por ella. Deberíamos esperar que nos empuje a un nivel más profundo en el camino de nuestro peregrinaje. Deberíamos esperar que nos moldee más y más a la imagen de Cristo.
Debido a que la Biblia es una historia que predica un mensaje, necesitamos prestar atención tanto a la historia como al mensaje, aunque nunca deberíamos trazar una línea de separación demasiado marcada entre estas dos cosas. Consideremos una después de la otra.

CÓMO LEER LA BIBLIA COMO UNA ÚNICA HISTORIA

La Escritura relata una historia unificada de principio a fin, pero ensamblar esa historia no es tan sencillo como leer directamente desde Génesis hasta Apocalipsis (y si no, pregunta a alguien que lo haya intentado y que haya arrojado la toalla al llegar a Levítico). Por esta razón, es importante desarrollar la capacidad de discernir cómo un pasaje de la Biblia encaja en la historia global. Aquí tienes varios pasos que deberían ayudarte a alcanzar esta meta:
1. Lee a través de todo el Antiguo Testamento. Si puedes, lee libros enteros en espacios cortos de tiempo, de una sola vez si es posible. Esto te ayudará a mantener la perspectiva general. Aprende la historia global de Israel desde los patriarcas hasta el regreso del exilio. A medida que lees, presta especial atención a los pactos que Dios hizo con Noé (Gn 8:20–9:17), con Abraham (Gn 12:1–3; 15:1–21), con la nación de Israel (Éx. 19–24), con David (2S 7:1–17) y especialmente al nuevo pacto que Dios prometió a través de Jeremías (Jer 31:31–34). Cada pacto añade algo a la revelación de los propósitos de Dios en la creación y en la redención.
2. Lee y vuelve a leer los cuatro Evangelios. Cada uno de los Evangelios presenta una rica descripción teológica de Jesús como el cumplimiento de todas las promesas que Dios hizo en el Antiguo Testamento. Por tanto, presta atención a las conexiones que los autores de los Evangelios hacen entre Jesús y el Antiguo Testamento. No solo eso, fíjate en cómo los Evangelios continúan la historia de los actos salvíficos de Dios del Antiguo Testamento revelando el tema principal de dicha historia: la vida, la muerte y la resurrección de Jesús.
3. Pon especial atención siempre que un autor cite o se refiera a un pasaje del Antiguo Testamento. Jesús mismo enseñó a los apóstoles cómo interpretar correctamente el Antiguo Testamento; a la luz de Su muerte y resurrección (Lc 24:27, 44–47). Así que deja que los apóstoles sean tus guías para atar los cabos entre los testamentos.
4. Estudia cuidadosamente aquellos pasajes donde los autores bíblicos mismos conectaron fragmentos de toda la historia de la Biblia. El discurso de Esteban en Hechos 7 es uno de esos pasajes. El sermón de Pablo en Hechos 13:16–41 es otro (aquí el apóstol desvela cómo la vida, muerte y resurrección de Jesús cumplen “aquella promesa hecha a nuestros padres”, v. 32). En Gálatas 3–4, Pablo explica cómo el evangelio cumple la promesa que Dios hizo a Abraham y, al mismo tiempo, pone fin a la era de la ley de Moisés. En Hebreos —especialmente en los capítulos del 8 al 10— el autor explica cómo la muerte de Jesús es un cumplimiento perfecto y definitivo del sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. El resultado es que ahora, a través de la muerte de Cristo, los creyentes tienen perdón de pecados, nuevos corazones y acceso libre a Dios (y el sistema antiguo se ha abolido para siempre). Pasajes como estos, en primer lugar, nos ayudan a entender el Antiguo Testamento. También nos muestran cómo la obra de Cristo cumple, completa y, a veces, deja sin vigencia lo que era anterior en la historia de la salvación.
El objetivo de todo esto es entender la historia de la Biblia como un todo unificado. A veces, los teólogos llaman a este tipo de lectura teología bíblica; la teología que traza el desarrollo progresivo de la revelación de Dios en las Escrituras.
Es importante aprender a leer la Escritura de esta forma, para interpretarla y aplicarla correctamente a nuestras vidas. Comprender dónde encaja un pasaje dentro de la historia global nos ayuda enormemente a relacionarlo con el lugar que ocupamos en la historia. Aquí tienes un par de ejemplos:

• Las regulaciones acerca de la pureza en Levítico no son obligatorias para nosotros los cristianos; Cristo las ha cumplido y, por tanto, las ha abolido. Pero aún siguen mostrándonos la santidad de Dios y su mandato de que seamos santos (Lv 19:2).
• La conquista de Canaán por Josué no es ni un modelo de política exterior, ni un ejemplo de barbarismo antiguo. Fue un acto de juicio divinamente ordenado. En este caso concreto, el juicio de Dios del fin de los tiempos sobre el pecado fue traído al presente (Gn 15:16).

Ver la Escritura como una sola historia es una de las lentes más importantes para leerla correctamente, y proporciona algunas de las más grandes recompensas. Nos capacita para escalar los picos de la revelación de la obra salvadora de Dios y así ver la epopeya que se extiende ante nosotros desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura.

CÓMO LEER LA BIBLIA PARA VER SU MENSAJE

Pero la Escritura no es simplemente una historia; es una historia que predica un mensaje. Ese mensaje es la buena noticia de que Jesús murió en la cruz y se levantó del sepulcro para así satisfacer la ira de Dios y traer salvación a todos aquellos que se arrepienten de sus pecados y confían en Él. Así como un árbol centenario extiende sus raíces con gran profundidad y amplitud, el mensaje del evangelio también conecta con prácticamente todos los otros temas que la Biblia aborda.
Por ejemplo, conocer el carácter de Dios es importante para nuestra vida. Cuando parece que tu vida está fuera de control, es importante saber que Dios es absolutamente soberano (Ef 1:11; Ro 8:28; Am 3:6). Cuando estás atravesando una prueba dolorosa, es importante saber que Dios es bueno (Sal 106:1). Cuando estás agobiado por el pecado, es importante saber que Dios es un Dios de gracia, misericordioso, lento para la ira y lleno de amor inmutable, y que Él promete perdonar nuestros pecados (Éx 34:6; 1Jn 1:9). Cada faceta de la enseñanza bíblica es pertinente para cómo vivimos, tanto si la enseñanza es acerca del carácter de Dios, las obras de Dios, la naturaleza de la humanidad, el mundo que habitamos, el plan de Dios para el futuro, o cualquier otra cosa. Entonces, ¿cómo puedes leer la Biblia para ver su mensaje?
1. Empieza con la convicción de que la Escritura es la Palabra de Dios. Es la revelación de Dios mismo. Por tanto, la Biblia es nuestra única y suprema autoridad en relación a todo lo que menciona. Debido a que Dios es completamente veraz (Tit 1:2), todo lo que él dice es verdadero y confiable (Sal 12:6). Debido a que las Escrituras son una revelación de la mente de Dios, la enseñanza bíblica es coherente; permanece unida como un todo. Esto significa que, cuando se interpreta apropiadamente, la Biblia nunca se contradice a sí misma y nunca nos puede inducir al error de ninguna manera. Debido a que la Escritura es la Palabra de Dios, tiene un mensaje coherente, y ese mensaje tiene autoridad sobre nosotros.
2. Lee y vuelve a leer toda la historia, discerniendo con cuidado el significado que se desprende de la propia historia. De la misma manera que deberías leer un libro entero antes de hacer un juicio definitivo acerca de él, asimismo deberías siempre examinar las Escrituras para aprender más acerca de lo que Dios ha revelado de sí mismo. Cuanto mejor entiendas la propia Biblia, mejor entenderás el mensaje que proclama.
3. Deja que la Escritura se interprete a sí misma. La Escritura no se contradice a sí misma, así que deja que las porciones más claras te ayuden a interpretar las menos claras. Cuando encuentres algo confuso, busca otros pasajes de la Biblia que aborden el mismo asunto y mira si puedes empezar a encontrarle sentido.
4. A medida que creces en el conocimiento verdadero de Dios a través de la Escritura, ese conocimiento se convierte en parte de las lentes a través de las cuales continúas leyendo la Biblia. Esto es parte de cómo te vas adentrando constantemente en una lectura de la Biblia más profunda, más enriquecida y más precisa. Por ejemplo, la Biblia declara sin ninguna sombra de duda que Jesús es completamente Dios y completamente hombre (Jn 1:1, 14). Por dicho motivo, si llegas a un pasaje que parece cuestionar una de estas doctrinas, interpreta ese pasaje a la luz de lo que ya estás plenamente convencido.
5. Traza conexiones continuamente entre las partes y el todo. La Escritura no nos revela doctrinas aisladas; nos revela el auténtico carácter de Dios. Por tanto, medita en cómo los atributos de Dios se complementan mutuamente. Su amor y Su justicia, Su misericordia y Su santidad (estos no se contradicen los unos a los otros, sino que colaboran juntos en armonía).
Puesto que la Biblia representa fielmente la mente de Dios, la enseñanza bíblica puede juntarse en un todo coherente. Podemos resumir lo que la Escritura dice en su conjunto acerca de sus enseñanzas principales; tales como el carácter de Dios, el estado de la creación, la naturaleza y la corrupción del hombre, la obra redentora de Cristo, la vida de la iglesia y la promesa del mundo venidero. Desarrollar estos temas en una progresión ordenada se suele llamar teología sistemática. A pesar de que no hay una correspondencia unificada, lo que significa para nosotros la sana doctrina en todo este libro tiene mucho que ver con la teología sistemática, al igual que con la teología bíblica. Las abarca a ambas, haciendo énfasis en la primera porque la teología sistemática es una manera de leer la Biblia que resume y sintetiza las enseñanzas de la Escritura, y que las hace pertinentes en nuestras vidas.
6. Medita en cómo la Escritura habla de cualquier asunto relacionado con tu vida, como por ejemplo el matrimonio, o el dinero, o el trabajo, o la amistad. Cuando leemos la Escritura cuidadosamente y mantenemos la historia completa en mente, podemos sintetizar sus enseñanzas y aplicarlas a situaciones que están más allá de lo que los autores bíblicos experimentaron o visualizaron. Obviamente, ninguna de estas cosas es el tema principal de la Biblia, pero la Escritura habla coherente y poderosamente —y a veces indirectamente— de todo lo relacionado con la vida. “¿Qué significa esto para mí?” no es la primera pregunta que deberíamos plantearnos cuando abrimos la Biblia, pero es una pregunta a la que siempre deberíamos llegar. La teología sistemática nos ayuda a juntar la enseñanza de la Biblia como un todo; lo cual es otro paso crucial para aplicar la Biblia a nuestras vidas. Ver cómo un pasaje cualquiera encaja con otras enseñanzas bíblicas es una parte importante a la hora de aplicar la Biblia correctamente a nuestras vidas diarias.
La Escritura es una historia que predica un mensaje y la meta de leerla y de enseñarla es ser conformado a la imagen de Cristo. Juntar la historia y comprender el mensaje correctamente son las piezas claves de la maquinaria que yace tras la cortina de una vida cristiana piadosa.

LOS BENEFICIOS DE TENER UNA VISIÓN GENERAL

Con todo esto en mente, vamos a pensar un poco más en cómo la sana doctrina beneficia la lectura y la enseñanza de la Biblia.
Un primer beneficio de la sana doctrina es que proporciona una visión general, y esta visión general nos ayuda a entender todos los detalles de la Escritura. Imagina una zona geográficamente pequeña —no más que unos pocos kilómetros cuadrados— que contiene una gran concentración de feroces animales depredadores. Resulta que esta región excepcionalmente poblada está muy cerca del centro de un área metropolitana. No solo eso, sino que los lugareños permiten a sus hijos rondar libremente por dicha zona. ¡Hasta se considera una forma de diversión!
Y si ahora te dijera que esa zona geográficamente pequeña es el Parque Zoológico de Louisville —si adivinaste que estaba hablando de un zoo, ponte una medalla— todos estos detalles tendrían sentido de repente y los verías desde un punto de vista muy diferente.
El asunto es que tener el cuadro general delante de nosotros nos ayuda a ver cómo todos los detalles encajan en él. Nos ayuda a alumbrar aquello que de otra manera permanecería oscuro. La sana doctrina nos proporciona el cuadro general: una vista panorámica de quién es Dios, quiénes somos nosotros y cómo Dios salva a todos aquellos que confían en Cristo.
Otro beneficio —relacionado con la visión general— de la sana doctrina es que actúa como un detector de minas. Una dieta equilibrada de sana doctrina puede detectar y desactivar pensamientos nuestros que no son bíblicos y las actitudes que de otra manera serían indetectables. A causa del pecado, todos tenemos ideas equivocadas acerca de Dios. A veces, esas ideas equivocadas pueden permanecer inadvertidas por años, aun décadas. Pero la enseñanza que presenta “todo el consejo de Dios” (Hch 20:27) revelado en la Escritura nos lleva a enfrentar esos errores. Nos toma de la mano y nos señala los pasajes bíblicos que derriban las apreciadas convicciones que no hemos sacado de la Biblia, sino de nuestra cultura. La sana doctrina pone al descubierto las maneras en las que hemos intentado amoldar a Dios a nuestra propia imagen, en vez de tomar en cuenta Su revelación misericordiosa que nos dice cómo son las cosas realmente.
De forma similar, la sana doctrina nos ayuda a detectar nuestros puntos débiles y corregir nuestros desequilibrios. Sea por la cultura, por nuestra disposición, por la tradición eclesial o por otros factores, el caso es que todos nosotros somos propensos a resaltar ciertos aspectos de la enseñanza bíblica hasta el punto de descuidar y aun negar otros. El lastre de la doctrina bíblica permite que el barco permanezca recto. Nos permite entender la enseñanza bíblica en su plenitud y equilibrio, evitando que simplemente nos aferremos a las partes que más nos gustan. Además, un punto de vista global de la sana doctrina nos sensibiliza con las cosas que tendemos a dejar de lado —o simplemente no vemos— cuando estudiamos la Escritura. Nos ayuda a corregir nuestra visión para que podamos ver realmente lo que Dios ha revelado de Sí mismo en Su Palabra.
No solo eso, sino que la sana doctrina nos ayuda a aplicar la Biblia a nuestras vidas. Nos recuerda que la historia divina de la salvación es la historia en la que estamos viviendo. Nos proporciona una visión clara para ver el mundo como realmente es; como Dios dice que es. Y nos ayuda a aplicar la Biblia de forma práctica. Hemos levantado pequeñas divisiones entre la religión y la vida real demasiado a menudo. Hemos separado la Biblia de nuestras vidas diarias, como si de alguna manera solo se aplicara a las cosas que hacemos durante una hora el domingo por la mañana. Pero la sana doctrina nos ofrece una forma integral y cohesiva de ver el mundo. Cuando comprendemos esto, la Biblia deja de ser meramente un libro de sabiduría para necesidades religiosas específicas, y se convierte en las lentes a través de las cuales entendemos todo lo que ocurre en nuestras vidas.
Por último, la sana doctrina es una protección contra la falsa enseñanza. No todo el que se llama maestro bíblico enseña realmente la Biblia. Muchos predicadores usan muy mal la Palabra de Dios. La Escritura afirma claramente que los falsos maestros serán siempre una amenaza para la Iglesia (Hch 20:29–31; Ef 4:14). Y la mejor manera de descubrir una falsificación es conocer el artículo genuino como la palma de tu mano.
Tristemente, los falsos maestros siempre conseguirán que alguien les escuche porque dicen lo que queremos oír (2Ti 4:3–4). El mejor antídoto contra el apetito de falsa enseñanza es una dieta constante de sana doctrina. La mejor manera de prevenir una enfermedad doctrinal es un régimen regular de la medicina preventiva de la teología bíblica.

LA SANA DOCTRINA SIRVE PARA LEER Y PARA ENSEÑAR LA BIBLIA EN LA IGLESIA

¿Así que cómo debería influir la sana doctrina en la manera de leer y enseñar la Biblia en la iglesia? Aquí tengo cuatro puntos principales, todos ellos dirigidos a pastores, aunque también todo cristiano los debería tener en cuenta.
Primero, el objetivo principal de la reunión semanal de la iglesia es edificar a los creyentes (1Co 14:12, 14, 26). Por tanto, usa ese tiempo para instruir a tu gente en la sana doctrina. La predicación expositiva (la predicación que toma el mensaje principal de un texto bíblico, lo convierte en el mensaje principal del sermón y lo aplica a la vida de la iglesia) debería constituir el grueso de la dieta de la predicación eclesial. Pero recuerda que tus sermones no deberían dar la impresión de que cada texto existe en el vacío. En lugar de esto —y sin convertir cada sermón en un tratado doctrinal— cada predicación debería ayudar de alguna manera a tu gente a conectar el texto del sermón con el resto de la Escritura. Esto no significa que debas explicar montones de pasajes bíblicos diferentes, pero sí que te exige predicar con el cuadro general en mente. Además, el resto del culto —canciones, oraciones, etc.— debería estar repleto de sana doctrina. Veremos en más detalle los otros elementos de la adoración colectiva en los capítulos 3 y 6.
Segundo, trata el sermón matinal del domingo como el plato principal que es y no como un mero aperitivo para atraer a la gente hacia todo lo demás que la iglesia ofrece. En otras palabras, no pongas a tu congregación en una dieta baja en doctrina. La Biblia es un libro de carne consistente y, para poder crecer, los cristianos necesitan muchas calorías dignas de sana doctrina. Así que haz que tus sermones sean lo suficientemente ricos en doctrina para que satisfagan el apetito de un cristiano en crecimiento.
Tercero, si la sana doctrina sirve para la vida, entonces la teología sirve para la aplicación. Algunos predicadores enseñan toneladas de teología con poca aplicación. Hay peores maneras de predicar, pero aun así es fácil ver que esto lleva a los cristianos a tener mucho conocimiento pero poca práctica, o abundancia de precisión doctrinal pero escasez de amor. No obstante, en la predicación evangélica actual es mucho más común encontrar toneladas de aplicación con poca o ninguna teología. En algunos sentidos, esto es muchísimo peor. Si tu predicación es toda aplicación sin teología, básicamente no estás predicando el evangelio. Por tanto, basa tu aplicación en el texto y en la teología que surge del texto. Muestra a tu gente cómo los indicativos del evangelio llevan directamente a los imperativos de la vida cristiana. Incorpora a tus sermones la gloriosa verdad de que la vida cristiana es una respuesta a lo que Dios ya ha hecho por nosotros en Cristo.
En último lugar, alimenta a tu iglesia con una dieta constante de sana doctrina en los estudios bíblicos y en otros contextos de enseñanza. Usa las oportunidades fuera de la reunión dominical para profundizar más en asuntos doctrinales específicos que quizás no puedas desarrollar en un sermón.
Como cristianos, crecemos aplicando la verdad a la vida. Así que, cultiva en tu gente un deseo por la buena teología. Dales una dieta regular de ella y espera pacientemente a que su apetito se manifieste.

LA SANA DOCTRINA SIRVE PARA PRACTICAR LA TEOLOGÍA EN COMUNIDAD

Finalmente, ¿cómo debería aplicarse todo esto en el discipulado personal de los cristianos con Cristo?
Primero, debes darte cuenta de que la enseñanza en tu iglesia es el medio principal que Dios usa para que tu conocimiento de Él crezca. Esto no quiere decir que el estudio personal no es importante. Pero sí quiere decir que la enseñanza colectiva de la iglesia es lo más importante.
Puede que estés leyendo Jonás en tus devocionales y sacando gran provecho de él. La lectura personal de la Biblia es importante y no le quiero quitar ninguna importancia en absoluto. Pero si tu pastor está predicando en Lucas, hay docenas —o aun cientos— de personas en tu iglesia que están siendo expuestas a Lucas cada semana. ¿Por qué no lo aprovechas? Prepara los sermones meditando en el texto con antelación. Utiliza la enseñanza compartida que estáis recibiendo para iniciar conversaciones durante la semana con otros miembros de la iglesia. Practica la teología en comunidad explorando con otros miembros de la iglesia las repercusiones teológicas y prácticas de los sermones, y poniendo juntos en práctica la verdad.
No veas el sermón solo como un evento semanal aislado. Más bien, considéralo como una fuente que hace fluir un arroyo de verdad bíblica dentro de la vida de la iglesia. Este arroyo puede encauzarse en cientos de canales que lleven alimento bíblico y doctrinal a donde se necesita (y parte de esta labor de canalización debería llevarse a cabo por todos y cada uno de los miembros de la iglesia).
La sana doctrina sirve para leer y para enseñar la Biblia en la iglesia. Permite entonces que la enseñanza de tu iglesia dirija tu crecimiento como teólogo y como cristiano. Toma tus esfuerzos para hacer crecer y discipular a otros y enchúfalos al motor que impulsa a toda la iglesia: la enseñanza y la predicación de la Palabra.

EL OBJETIVO DE LA LECTURA Y LA ENSEÑANZA IMPULSADAS POR LA SANA DOCTRINA: LA IMPROVISACIÓN MAGISTRAL

La sana doctrina nos ayuda a leer y a enseñar la Biblia sabiamente. Cuando aprendemos a trazar la historia de la salvación y a entender el mensaje de la Escritura como un todo, obtenemos la maquinaria esencial para progresar en la vida cristiana. Conocer bien la Biblia es necesario para el crecimiento cristiano y la sana doctrina constituye el punto de partida, el mecanismo de protección y el objetivo final de leer la Escritura correctamente.
Por supuesto, la meta en todo esto no es el mero conocimiento, sino el crecimiento en piedad. El propósito de depurar nuestra técnica como teólogos es que seamos capaces de improvisar magistralmente en el escenario real de la vida cristiana. La finalidad de la teología no es buscar conocimiento de hechos, sino comunión con Dios y el fruto de vidas piadosas e iglesias sanas.
En los capítulos restantes vamos a examinar los frutos que la sana doctrina produce en la vida de la iglesia. El primero que veremos es uno que en cierto sentido abarca a todos los demás: la santidad.

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